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Foto inés ruiz

Parir sin violencia

La violencia que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres no solo alcanza el momento en el que el estado condena tu decisión libre de querer ser madre, sino también cuando decides serlo, me refiero al proceso de gestación.

Publicado: 2018-11-30

Nadie te prepara para ser madre, esa es la frase que muchas hemos escuchado a lo largo de nuestra vida y es cierto. Ser madre biológica o no conlleva una serie de cambios de los que nadie te advierte. Llevar en tu vientre a otro ser que comparte tu cuerpo durante los primeros nueve meses de su existencia es una experiencia muy íntima pero que no tiene por qué ser siempre “maravillosa” como nos lo han inculcado socialmente, ni tampoco idílica. En mi experiencia puedo decir que durante los nueve meses que llevo en el vientre a otro ser he experimentado cómo mi cuerpo, que es sabio, ha sabido extenderse en todo el sentido de la palabra y por primera vez formar parte de este reino animal. Es lo que es, un proceso de la naturaleza que tiene como fin la permanencia del ser humano. Durante los nueve meses de gestación el cuerpo te prepara para lo que vendrá en el ejercicio de posponer tus propios deseos ante la supervivencia de otro ser.

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Tod@s ejercemos la maternidad de formas diferentes y no quiero romantizar la maternidad con lo dicho líneas arriba pero sí defender el derecho a decidir ser madre. Esta decisión debe ser un proceso único y personal. Sin embargo, la maternidad ha sido y aun sigue siendo utilizada como instrumento de poder en el sistema patriarcal, relegando a las mujeres en su rol de madres, responsables de la crianza y cuidadoras del hogar. Simone de Beauvoir en "El segundo sexo" (1949) dejaba claro que la maternidad era “una tara” que debía ser superada, mientras que el hombre queda libre de este destino, ya que sus atributos genitales no obstaculizan su experiencia individual. Hoy la lucha de las que decidimos ser madres es por la autonomía corporal de todas las personas, por la maternidad como opción y no como mandato social.

En nuestro país se sigue creyendo que las mujeres no tienen el control sobre sus propios cuerpos y por eso se les niega el derecho a decidir ser madres. Pero la violencia que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres no solo alcanza el momento en que el Estado condena tu decisión libre de querer ser madre sino también cuando decides serlo, me refiero al proceso de gestación.

En este transcurso tanto las madres primerizas así como las que ya han pasado por este camino varias veces, nos encontramos ante una sociedad que no está del todo preparada para entender este paso: el respeto de llevar el embarazo de forma libre y sin violencia. Lamentablemente durante esta etapa muchas mujeres sufren de violencia obstétrica. Este tipo de violencia se ejerce desde el personal médico hacia las mujeres gestantes y puede ser física (prácticas invasivas o medicación injustificada) o psicológica (humillaciones u omisión de información). La violencia obstétrica es un tipo de violencia de género y de derechos humanos. En nuestro país no está legislada aunque ha sido incorporada al Plan Nacional Contra la Violencia de Género 2016- 2021, y señala: “Comprende todos los actos de violencia por parte del personal de salud con relación a los procesos reproductivos y que se expresa en un trato deshumanizador, abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, que impacta negativamente en la calidad de vida de las mujeres” 

La violencia obstétrica es transversal y no distingue raza ni etnia ni clase. Este tipo de violencia es invisible y se manifiesta de formas muy sutiles. Lamentablemente se da con mayor frecuencia en contextos de pobreza en donde se considera a las usuarias como ignorantes y sumisas, por ejemplo son recurrentes los testimonios de mujeres que afirman no haber sido informadas del uso de medicinas para la aceleración del parto sin consentimiento, también la realización de tacto vaginal por diferentes personas, entre médicos y practicantes a pesar de que la paciente no está de acuerdo.

Me ordenaron que haga cosas, que abriera las piernas, 8 doctores estuvieron presentes en mi parto y me dejaron en una camilla en el pasillo” (Mano Alzada).

En el caso de las mujeres indígenas y en comunidades donde no existen hospitales y los puestos de salud son precarios, la situación es aun más grave ya que se ve a las mujeres como sujetos sin derecho al reclamo. Además de esto los médicos o practicantes no consideran a las mujeres parteras que gracias a la transmisión de saberes ancestrales han sabido acompañar a las mujeres en este tránsito de dar vida. Si deciden atenderse en un Centro de Salud deben renunciar al acompañamiento de una partera y muchas veces reciben maltratos psicológicos de parte del personal médico: “para eso tienes hijos como cuyes”, “ya aguanta no más”, “para eso abres las piernas”.

Sin ir muy lejos durante las campañas de esterilización que implantó Alberto Fujimori (1996 - 2000), las mujeres indígenas que daban a luz eran amenazadas por parte del personal de salud con no firmarles el acta de nacimiento de su hijo si es que no se hacían la ligadura de trompas o en otros casos lo hacían sin el consentimiento de la paciente.

La situación de las  mujeres que tienen recursos económicos para ser atendidas en clínicas privadas no es del todo diferente, en este ámbito muchas veces se prioriza los partos por cesárea (la OMS alerta que estas no deben de pasar del 10 al 15%), se dan casos en donde los médicos deciden el día del parto y hablan de las inconveniencias del parto vaginal dejando a las mujeres en una situación vulnerable y de miedo ya que no quieren correr riesgos en el nacimiento de su hijo y acceden a las sugerencias del doctor. De este modo se doblega la voluntad de las parturientas faltando el respeto a los ritmos naturales de los partos.

En nuestro país solo existe un centro estatal en la atención materno perinatal. El Instituto Nacional Materno Perinatal desarrolla desde el 2009 el programa “Parto humanizado”, a través de este las mujeres pueden decidir parir con acompañante, con anestesia o parto vertical. Pero estamos hablando de un centro a nivel nacional cuando las evidencias nos dicen que estas malas prácticas se realizan a diario en centros hospitalarios de la capital así como en provincias.

La violencia obstétrica es una forma de control que subordina a las mujeres y es un tipo de violencia de género porque se da solo a las mujeres y debe ser erradicado. En nuestro país aún no existen leyes que regulen este tipo de violencia o que indique cómo podemos proceder cuando la sufrimos. Es posible que muchas de nosotras la hayamos sufrido sin darnos cuenta o sin saber a dónde acudir para denunciar este tipo de maltrato. Es necesario cuestionarnos respecto de la manera en que los sistemas de salud nos brindan atención, así como impulsar la socialización de un enfoque de género en este sector, de modo que las mujeres podamos parir sin violencia.


Escrito por

Inés Ruiz

Soy comunicadora, documentalista, e investigadora en temas de género y derechos humanos.


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